Esta mañana he intervenido en el programa ‘De buena mañana’, presentado por Gema Rosendo en Tele Puerto Real, para analizar el asalto al Congreso que anteayer 6 de enero perpetraron los seguidores de Donald Trump. Sintetizo algunas de las claves de mi análisis:

-El asalto entraba dentro de lo posible: aunque debo admitir que los hechos me sorprendieron, considero que entran dentro de lo que se podía a la luz de las declaraciones efectuadas por Trump durante los últimos meses y del tenso ambiente que se respira en el entorno de la alt-right.

-Trump da un paso atrás: aunque sigue sin aceptar la derrota y sin felicitar a Biden, las últimas declaraciones de Trump indican que ha aceptado la situación y que asume su inminente desalojo del poder. En estas declaraciones ya se ha distanciado de la toma del Capitolio y ha advertido a los violentos que afrontarán las consecuencias de sus actos. Las víctimas mortales que se han producido y sus posibles consecuencias procesales, sin duda, han debido de llevar al magante neoyorquino a dar un paso atrás.

-Pence no destituirá al presidente saliente: aunque se ha desmarcado bastante de la línea seguida por Trump, el vicepresidente, Mike Pence, ya ha expresado una posición contraria a aplicar la enmienda número 25 de la Constitución de los Estados Unidos, que es prácticamente el único camino para desalojar a Trump de la presidencia por medios legales antes de la toma de posesión de Biden. Pence ha argumentado que la enmienda se aprobó para casos en los que el presidente está incapacitado para ejercer sus funciones por motivos de salud. Su intención de presentarse a las primarias del Partido Republicano de cara a las próximas elecciones presidenciales le aleja de esa posibilidad.

-La continuidad de Trump, herida de muerte: aunque desde los medios de comunicación se caricaturice a sus seguidores, millones de votantes de Trump son personas inteligentes y respetables para los que su postura con relación a la toma del Congreso supone cruzar una línea roja. Aunque el fenómeno político que representa seguirá muy vivo en el escenario político estadounidense, las posibilidades del presidente saliente de volver a ser candidato quedan muy tocadas.

-El discurso del establishment político y mediático es hipócrita: resulta paradójico que la mayoría de los representantes públicos y comentaristas del entorno del Partido Demócrata se rasguen las vestiduras indignados por el hecho de que una multitud que sospecha que hubo fraude en las elecciones asalte el parlamento. Precisamente esa ha sido la vía para tomar el poder que ellos mismos han aplaudido y legitimado en Ucrania, Bolivia y en otros lugares donde las pruebas de pucherazo electoral fueron cuestionables cuando no directamente inexistentes.

-El prestigio de EEUU queda seriamente dañado: la imagen que esta nación tiene entre las élites internacionales ha vuelto a sufrir un duro golpe con imágenes que creíamos propias de las llamadas repúblicas bananeras. Estos disturbios deberían llevar a los analistas y dirigentes políticos de otros países a desmitificar a la democracia estadounidense y en algunos casos incluso a valorar más sus propias credenciales democráticas. El mandato entero de Trump, con la traca final de la toma del Congreso, constatan la decadencia de EEUU como única superpotencia hegemónica. La polarización política y el desencanto social han terminado por generar una crisis institucional en toda regla. No lo digo de forma despectiva, ni catastrofista. En el escenario político mundial que se está configurando, multipolar y con china como primera potencia, EEUU tendrá -como, por ejemplo lo tuvo el Reino Unido tras la II Guerra Mundial- un papel muy destacado. De hecho, su economía lleva años creciendo a muy buen ritmo.

Comparto el inicio de mi intervención, la cual, pro desgracia, no ha podido ser grabada íntegramente por motivos técnicos.